13/1/14

El jazz al blanco y negro


Es inquietante ver la alegría desde los ojos de otro.
Hoy ganó Colombia dos a uno y me preguntaba si a mí
se me pone la misma cara contigo.
Ya sabes que la única copa que me interesa
te la bebiste anoche
junto a ese precioso vestido que te queda tan bien.

Ya entendí que las ilusiones
se miden en cortinas de humo
y ya apunto a un intentó de héroe
enamorado de su propia historia
pero es verte y aceptar mi sino:
nunca seré nada parecido a un héroe.
Aún no encontré un bien mayor que no me importe una mierda
comparado contigo.
Ni la música
         el cine
           o la revolución.
Ni uno.
    Solo.

Nadie nos obligo a clavar las rodillas y seguir chupando del frasco
y sin embargo todos
     aspiramos al mismo tipo de cielo.
Ya me ves
he reducido la poesía
a otra excusa para hablar de ti.

A las horas a las que me da por escribir
cualquier habitación puede pasar por un castillo de naipes
y tu recuerdo se lleva de un soplo el techo
y las paredes
y, por un momento
            lo juro
creí ver estrellas a través del cemento.

Eres como el jazz al blanco y negro
y tengo el sombrero lleno de polvo de estrellas
desde que sé que hay toda una escala de tonos en tu voz
a los que sólo he oído pronunciar mi nombre.
Es este verte y no saber a quién agradecerle tanto
a quién agradecer esta vendimia de nubes.

Dicen por ahí
   que no estamos vivos hasta que moriríamos por otra persona.
Yo
sin ser gato
   -ni nada que se le acerque-
moriría siete veces
   por una sola vida contigo.


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